Los cambios para mejorar no son nada sencillos, no son fáciles ni instantáneos, sino un proceso. Hay que lidiar con la inercia, las resistencias, las percepciones y los esquemas ya establecidos. Todos, personas y organizaciones, tendemos a aferrarnos a los viejos puntos de vista, las viejas formas y los viejos hábitos. Aunque no estén dando resultado…

Desarraigar viejos hábitos y construir nuevos exige un gran compromiso y sobre todo… Participación. La participación es la clave de cualquier proceso de cambio, ya que libera la energía que necesitamos para renovarnos y para construir confianza. La participación es el combustible del cambio.

Claro, con la participación tenemos “el riesgo de perder el control”. Es mucho más fácil, sencillo, seguro y ordenado, dirigir, motivar y dar consejos. Pero, si ante cada tarea, siempre tenemos que volver a motivar, dirigir y ordenar, entonces… ¿qué control tenemos?

Saludos cordiales.

CB.-