Una organización que desborda de burocracia, normas, y sistemas restrictivos y cerrados, nos habla de sí misma.

Guiada por la intención de “tener todo bajo control”, establece procedimientos que nadie puede cuestionar. Como consecuencia, el nivel de iniciativa es bajo y -básicamente- se hace únicamente lo que se ordena… La información no circula, y el estado de ánimo que se instala es de escasez, resignación y desconfianza…

En una cultura organizacional basada en la confianza, las estructuras y los sistemas se adaptan para “cosechar” la energía y la creatividad de las personas, hacia propósitos previamente acordados. No hay tantas reglas, sino más bien una gran dosis de responsabilidad. No existe únicamente una forma de hacer las cosas… pero todos confían en que el trabajo será hecho.